DOS MANERAS DE ENTENDER LA VIDA

DOS MANERAS DE ENTENDER LA VIDA

Mientras una parte importante de españoles y extranjeros disfrutan del maravilloso sol de España y de las no menos fantástica playas de nuestra Patria, aprovechando el puente –más bien el acueducto—del Día de la Independencia y del Primero de Mayo—que incluye este fin de semana, unos españoles que aman a Dios y a su Patria están reunidos en Zaragoza para mantener “el fuego sagrado” de la defensa de la UNIDAD CATÓLICApara la Tierra de María Santísima.

¿Son unos ilusos?

-– Ante los hombres, quizás, sí; no ante el SEÑOR DE LOS SEÑORES.

Me voy a permitir unos comentarios al respecto.

DOS MANERAS DE ENTENDER LA VIDA

Nada que objetar, por supuesto, a que se aprovechen las ocasiones para interrumpir de cuando en cuando el trabajo, aparte de cumplir el mandato del Creador: respetar el descanso dominical como un precepto de su Ley.

¡Disfruten pues de esas vacaciones los que pueden!

Pero vivimos unos tiempos de tal desorientación mental que hasta los cerebros más privilegiados, en ciertos momentos, meten la pata cuando intentan ilustrarnos “con su reconocida ciencia”… Tenemos el caso del sabio pontífice Benedicto XVI, quien, un día, nos habló de la “sana laicidad”… Con todos los respetos para el emérito Sumo Pontífice, esa teoría ni tiene base, ni se sostiene y, menos aún, puede servir de fundamento para justificar la cobardía en la defensa dela VERDAD única e inmutable.

Viene a cuento para ilustrar el contenido profundo de este artículo: “Dos maneras de ver la vida”.

Cierto y evidente: no hay solo dos maneras de vivirla, pero yo me refiero a una realidad concreta de quienes se dicen católicos ilustrados y combatientes a la hora de actuar. Y el hecho de esa bifurcación parte de un tremendo error popularizado en la Iglesia desde que el Modernismo sustenta las riendas de la misma. El error consiste en creer que para salvarse basta con “salvarse individualmente” no como ser “sociable”, pues aunque se hable mucho de solidaridad solo se procede como si el individuo fuera dios y se le ha hecho creer al católico modernoque debe respetar tanto la libertad del prójimo, que no se le “puede convertir” pues es muy libre de adorar al dios que quiera, porque todas las religiones son buenas, y lo fundamental es “el hombre”, no el Dios Uno y Trino y su Reino en la Sociedad.

O sea que eso de “naciones católicas” pueblos leales a Cristo y su Religión es un atraso de la Edad Media fruto de la ignorancia oscurantista de Santo Tomas de Aquino, de San Agustín y de todos los Padres de la Iglesia… En consecuencia, y contra la doctrina de siempre, perenne y universalmente admitida por la Iglesia (norma obligatoria para que sea “católica”), y de su Magisterio infalible por voluntad de Cristo, el ideal de la Política y de las normas que rigen la Sociedad, debe ser la SANA LAICIDAD… (¡Apaga y vámonos!…)

Pues no, señores, la “laicidad” presupone parcelas que NO ESTÁN SOMETIDAS al Creador de todo cuanto existe. Cuando el mínimo de inteligencia hace entender (a quien piense un poco) que si yo creo algo, todo lo salido de mi inteligencia y de mis manos es “mío”. Si me debe la existencia, no se me puede revelar exigiéndome que le reconozca “independiente”…

El Dios Uno y Trino, Creador de TODO CUANTO EXISTE –lo mismo las criaturas palpables que las invisibles–, es dueño absoluto de las mismas. Da lo mismo cómo se llame: ángel, hombre, animal o planta, cielo o tierra, sociedad política u organización social… Nada escapa a su dominio absoluto. Eso sí, las ha dado unas leyes por las cuales deben regirse sin importar como se llamen: llámense “atracción de las masas”, “capacidad de expansión”, “libertad angélica”, “libertad humana” o “inmovilidad de los cuerpos inertes”, etc.… Las diferentes leyes que las rigen, no admiten excepciones, y no hay una sola “parcela” de cuando existe (como son los estados, las naciones, los partidos políticos o la sociedad de cualquier índole) “independiente de Dios”.

Por lo tanto la “sana laicidad” (en cuanto supone poder reírse de las “leyes de Dios” y en especial de sus mandamientos, de su moral, por ejemplo: los estados, la política, la ciencia…) es una “asnada”, como calificaba a estas “falsas verdades” un genial profesor de griego en la Universidad Católica santo Tomas de Villanueva de la Habana. Otra cosa es que, en la práctica, haya que tragar el abuso, pero no engañemos a nadie llamándolo “sana laicidad”: Si verdaderamente es “laico” solo significa_ ¡Dios no pinta nada “en esta parcela”!… a menos que previamente hayamos vaciado la palabra “laico” de su contenido real:libre de la autoridad del Creador.

Por eso los verdaderos católicos y españoles que se reúnen exactamente desde TREINTA AÑOS, –desde el día de la celebración del decimocuarto centenario del III Concilio de Toledo.(589) donde se fraguó la UNIDAD CATOLICA DEL REINO VISIGODO o sea, de ESPAÑA–, demuestran con hechos que ven la vida de otra manera. Están convencidos de que la mayor traición a España se fraguó en el Vaticano, cuando obligaron al Caudillo –que era más papista que el Papa y por lo tanto acató las órdenes como un borreguito—a renunciar al precepto del Fuero de los Españoles, y de la esencia nacional, lo que todo español llevaba en la sangre: la única Religión de la Nación verdadera y suya es el Catolicismo, al que nuestros padresregalaron medio mundo de creyentes.

Pablo VI y sus nefastos cardenales y asesores ya habrán dado cuenta a Dios de semejante traición a la Verdad Suprema, a todos nosotros y a la inteligencia. (Como no es dogma de Fecreer en las “beatificaciones y canonizaciones”, yo “paso” de todas las realizadas desde el Vaticano II para acá, salvo cuando no admiten dudas, como las de los mártires que han dado su vida por no renegar de Cristo)

Durante muchos años fue asiduo colaborador de ese movimiento que los españoles no sabrán ni valorar ni agradecer bastante y, ahora, que no me es posible les invito a no cejar nunca en el empeño, si queremos mantener la esperanza de la indisolubilidad de la Patria.

¡Viva Cristo Rey y la Unidad Católica de la Nación! Lo que permitirá seguir gritando ¡Arriba España!

Con los saludos cordiales de

Gil De la Pisa Antolín

DOS MANERAS