HA FALLECIDO UN GRAN HOMBRE

DON ALBERTO

Quienes hemos tenido la suerte de remar en la misma barca que D. Alberto Ruiz de  Galarreta, hemos recibido la noticia de su fallecimiento con sentimientos encontrados: la pena de perder un amigo, un  hombre fuera de serie pero que el “mundo” ignora, un profesional de la medicina como la copa de un pino, un escrito infatigable en la defensa de todo cuanto amamos los españoles bien nacidos, un tradicionalista, a la par que carlista convencido –y  gloria de ese Movimiento—y, al mismo una sensación de paz interior por estar seguros de que Nuestros Señor  le habrá recompensado por todo el celo demostrado en la difusión de sus enseñanzas y en expansión de  su Reino y sin olvidar la defensa del Supremo tesoro bimilenario de las Españas: la UNIDAD CATOLICA en la política y en la Hispanidad. No es fácil hallar personajes de semejante talla. Es una gracia de Dios toparse con ellos a lo largo de la vida. Mis palabras de poco le servirán salvo como testimonio para los que continúan luchando en los mismos frentes y para invitar a todos a imitarle mientras tenemos tiempo. Es evidente que lo único importante es el Juicio de Dios pero estamos convencidos  de que todo parece a su favor  y habiendo combatido el buen combate y guardado la fe, solo le cabe esperar la recompensa prometida a quienes le sirven. Desde que le conocí me impresionó esa irradiación que emiten los hombres verdaderamente grandes. Mis palabras solo tiene un fin: dejar constancia de estos sentimientos y del aprecio máximo que le tuve siempre.

Alberto Ruiz de Galarreta