LA FE RECIBIDA

LA FE RECIBIDA

Me imagino que hasta quienes  nunca tienen tiempo para pensar ,  la situación actual,  forzada por la pandemia les ha empujado a utilizar ese maravilloso don , regalo  del Creador: ¡la capacidad de  razonar! Por supuesto, para quienes lo hacen habitualmente, la ocasión la pintan calva.

A mí me ha cambiado muy poco los hábitos. Me he limitado a continuar  en la rutina de los ´últimos  veintiocho años” y a aprovechar el tiempo para  repasar  viejas  vivencias.

 Tras concluir  mis  diversos estudios, pasé ratos amenos dirigiendo  “cine debates”. Me había preparado en diversos  seminarios de ampliación de estudios. E  hice de ello un desahogo en el momento oportuno, tras  un estrés provocado por  exceso de actividades, de inexperiencia juvenil.  Esos conocimientos, luego,  cuando por mis numerosos viajes,  con fines de semana fuera de casa, me facilitaron  disfrutar  en mis horas  libres. Arrinconé esa distracción  cuando el mal gusto, la porquería y la ausencia de valores artísticos, convirtieron en norma  la ordinariez y monotonía de los temas, prostituyendo el nuevo arte. Me alejé definitivamente de las salas de cine y hace más de treinta años que no las visito.

Con  el encierro forzoso he dedicado algún tiempo a disfrutar de las viejas películas de aquellos grandes directores y artistas de hace sesenta, setenta, ochenta años… Un relax inesperado.  He vivido nuevamente, emociones olvidadas y rejuvenecedoras.  No hablaré de  cine pero exprimiré  las reacciones, provocadas, por  algunas de esas películas.

Por ejemplo, las “Sandalias del Pescador”  han provocado este escrito titulado  “la NOSTALGIA DE LA FE.

Y no se trata de “mi nostalgia” (pues nunca la he perdido.  ni  siquiera sufrido la  tentación de arrinconarla;  más bien, con los años,  se ha robustecido  al experimentar  la fuerza de SU VERDAD)  sino de la  tristeza  comprobada  de quienes  creen  pero no saben bien… en lo que creen; católicos,  bautizados, sí, –y hasta hicieron la primera comunión y se casaron por la Iglesia,… Masa inmensa de creyentes de los cuales, menos del  4%   practica un mínimo de su Fe, cumplen el  primer mandamiento de la Iglesia Católica “Oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar (los otros cuatro  probablemente ya no los recuerdan; ¡menos los van a cumplir!)

Pues, ¡sí!, todo ha empezado por  la visión de un film muy conocido: “Las sandalias del Pescador”Podría  hacer una crítica de la película,  para  “desoxidar”  mis conocimientos  y  las dotes de observador utilizadas hace más de medio siglo, en los “cine fora” (plural de “cine fórum” –es una  aclaración para “los de la LOGSE”), pero no es el momento.  Solo diré que es una gran película por muchas razones: la elección del tema, un guión casi perfecto, un gran director, unos  excelentes  protagonistas (fuera de serie algunos), insuperables en la interpretación en ciertos  momentos  y, en consecuencia,  el resultado es evidente: pasa el tiempo de la proyección,  sin enterarte y la película, parece filmada ayer. Dejémoslo aquí.

* * * * * * * *

Pasando al fondo del argumento, para mí, como católico  (“super  curtido” en mil batallas contra el Modernismo, como la  herejía que domina hoy la Iglesia),  lamento y me reafirmo en la impresión recibida, cuando la vi por primera vez: Morris West (pues la película  es una adaptación de su novela) ha colado en una forma magistral el “fundamento de la herejía” que más daño ha hecho a la Iglesia en los dos  siglos últimos.   No podemos olvidar este  verdad: “El peor de los venenos, ‘se traga mejor’ si es una ponzoña dulce”,  (Las modernas herejías suelen ser “dulcísimas” son todo AMOR…) Mi mejor maestro repetía constantemente: “el demonio es la mona de Dios

Esta es mi opinión   sobre “Las Sandalias  del Pescador”. Sin duda,     exigente  pero,  seguramente y  en sentido contrario,  con capacidad para despertar,   la añoranza de la fe tradicional y bimilenaria  (alma de la religión de la “vieja Catilla” en la que fui educado).Y así, el “Veni Creator”, cantado por los cardenales,  invocando al Espíritu Santo que hace  conmoverse el alma, me retrotrajo  a los años cuarenta, del siglo XX.

Pude vivir en aquellos  años ya lejanos, los  inolvidables e insuperables  ritos  de la antigua Liturgia... ¡Cómo añoro — por ejemplo—  aquél:..  “Dies irae, dies illa solvet seclum in favila...”!  Son recuerdos imborrables.  Imposibles de describir.  Cuando, en España,  no había ni piñas, ni magos, ni guayabas –las frutas tropicales, hoy en nuestros mercados, y me decían: “¿A qué sabe un ‘mango’,…?”. Mi respuesta siempre era la misma: “Para conocer un sabor, solo hay un modo, ¡probarlo!”,… que te lo diga tu paladar”. Los sabores” si no se prueban es imposible  “trasmitirlos” con descripciones. Lo mismo ocurre con la “antigua Liturgia, solo hay un modo de explicarla, “viviéndola”… ¿Cómo puede una católico de menos de  sesenta años, saborear  la “liturgia tridentina” si no la ha podido vivir? No basta con ir de cuando en cuando a una misa del “rito romano de siempre” necesitarías haber  vivido  “el clima de una ciudad o a un pueblo  católicos” de la primera mitad del siglo XX.

Cuando lo has vivido durante  cuarenta años y,  hoy, asistes a  unas ceremonias frías,  en  unos lugares ahora “igualmente helados”  –pues han perdido “el antiguo calor de lo religioso auténtico” — que llenaba el alma y la caldeaba, se te baja el alma a los pies. Las nuevas ceremonias son  “reuniones sociales de compromiso” y   “sin sentido –no me tomen por desalmado y cruel— donde  es manifiesta y se palpa  la ausencia de Dios,  de la Eternidad, de la Trascendencia. Y las iglesias parecen clubes de asistencia social,  donde “el mundo”  es el tema central…

La mayoría de los católicos pisan la Iglesia, con ocasión  de  bautismos,  funerales,  bodas,  Primeras comuniones, bendición de los ramos y palmas… ¡como mucho!,  por  Navidad o Semana Santa y las fiestas del Pueblo…

¿Qué decir de las misas de funeral? A quienes  se han presentado ya ante su Dios, les sobran las palabras hueras, los elogios,  el boato y sus manifestaciones”… y piden a gritos, misas y oraciones  por su alma. Pompidou o  De Gaulle, ordenó que  su funeral se celebrase con  una solemne   misa de REQUIEM según el viejo rito tridentino.

Es lo que nos deberían conceder a todos los católicos,  cuando nos llame Dios.  Una de mis pocas “últimas voluntades” se concreta en — “pedir y esperar de Dios y de su Santísima Madre y nuestra”  (con la colaboración de  mis hijos y nietosesa muestra de su bondad  y omnipotencia: Una “misa de Requiem”.

Como seguramente  no habéis, asistido a ninguna,  ignoráis esa maravilla de la Liturgia propia de la Catolicismo auténtico.

Lo más triste de mi experiencia  es comprobar cómo,  esa misma  “ausencia del clima cálido”,  inseparable  y propio de la de la verdadera Iglesia de Cristo a lo largo de 1960 años,  no va inseparablemente unido  a  “todos sus nuevos ritos”  Viví como experiencia triste  la de asistir  hace medio siglo, a una emigración forzosa a  los “Círculos polares” de la existencia.   Nos  enteramos muy pocos: sólo  quienes vivimos felices en otro clima, (entre el “Trópico de Cáncer” y el “Trópico de capricornio”) gracias a poseer, ya,  cuando nos sacudió el terremoto de los años sesenta del pasado siglo una formación religiosa de suficiente  nivel  y algunos años gastados en su defensa.

Ciertamente,  en  el año de gracia 2020,  el resto de católicos – por ser personas con menos de setenta años  que no han traspasado  nunca, los límites de los “Círculos polares”–,  son felices,  mientras pasan los años sin enterarse  de su desgracia: no poder vivir  la “buena vida de la vieja FE”.

* * * * * * * *

Corto aquí  pero espero  continuar con el tema (“La FE RECIBIDA”). Es trascendental y queda muchísima tela por cortar…tanta que merece  no un artículo más, sino una serie.

LA FE RECIBIDA